
viernes, 25 de diciembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
sábado, 31 de octubre de 2009

domingo, 18 de octubre de 2009
Luna Nueva Capitulo 2 "Los Puntos"

—Es tarde —señaló Edward. Me alzó por encima de la cama con un brazo y con el otro abrió la cama. Me acostó con la cabeza en la almohada y me arropó bien con el edredón. Se acostó a mi lado, pero encima de la ropa de cama de modo que no me quedara congelada y me pasó el brazo por encima.
Apoyé la cabeza en su hombro y suspiré, feliz.
—Gracias otra vez —susurré.
—¿Te acuerdas de cuando decidí que no quería que ignoraras mi cumpleaños?
—Bien, estaba pensando... que ya que todavía es mi cumpleaños, quería que me besaras otra vez. El beso empezó del modo habitual, Edward procuraba tener el mismo cuidado de siempre y mi corazón reaccionaba de forma tan desaforada como de costumbre. Entonces, algo pareció cambiar. De pronto, sus labios se volvieron más insistentes y su mano libre se enredó en mi pelo aferrando mi cabeza firmemente contra la suya. Agarré su pelo con mis manos; estaba cruzando los límites impuestos por su cautela, sin duda, pero esta vez no me detuvo. Sentí su frío cuerpo a través de la fina colcha, y me apreté con deseo contra él.
Cuando se apartó, lo hizo con brusquedad; me empujó hacia atrás con manos amables, pero firmes.
—Intenta dormir, Bella.
—No, quiero que me beses otra vez.
—Subestimas mi autocontrol.
—¿Qué te tienta más, mi sangre o mi cuerpo? —le desafié.
—Hay un empate —sonrió ampliamente a pesar de sí mismo y pronto se puso serio otra vez—. Y ahora, ¿por qué no dejas de tentar a la suerte y te duermes?
Me desplomé en la almohada jadeando, con la cabeza dándome vueltas. Algo intentaba asomar en los límites de mi memoria, pero se me escapaba...
—Lo siento —dijo él, también sin aliento—. Esto es pasarse de la raya. —A mí no me importa en absoluto ...
sábado, 17 de octubre de 2009
Luna Nueva :Capitulo 1 "La fiesta "
Edward continuó sonriendo de esa forma tan arrebatadora que hacía que mi corazón se desbocase y pareciera a punto de estallar dentro de mi pecho. Me pasó el brazo por los hombros y se volvió para mirar a mi abuela. Su expresión me sorprendió. Me miraba avergonzada, como si esperara una reprimenda, en vez de horrorizarse. Mantuvo aquel extraño gesto y separó torpemente un brazo del cuerpo; luego, lo alargó y curvó en el aire como si abrazara a alguien a quien no podía ver, alguien invisible...Sólo me percaté del marco que rodeaba su figura al contemplar la imagen desde una perspectiva más amplia. Sin comprender aún, alcé la mano que no rodeaba la cintura de Edward y la acerqué para tocar a mi abuela. Ella repitió el movimiento de forma exacta, como en un espejo. Pero donde nuestros dedos hubieran debido encontrarse, sólo había frío cristal...
El sueño se convirtió en una pesadilla de forma brusca y vertiginosa. Ésa no era la abuela.
Era mi imagen reflejada en un espejo. Era yo, anciana, arrugada y marchita. Edward permanecía a mi lado sin reflejarse en el espejo, insoportablemente hermoso a sus diecisiete años eternos.
Apretó sus labios fríos y perfectos contra mi mejilla decrépita.
—Feliz cumpleaños —susurró.
jueves, 15 de octubre de 2009
viernes, 25 de septiembre de 2009
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